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Viernes, 29/08/2014
   
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Los amores de El Libertador.:. ref

Manuelita Sáenz fue como una esposa, continuación del amor de María Teresa



Se ha escrito mucho sobre Bolívar: como militar, como político, estadista, guerrero, poeta, etc. pero como romántico muy poco. En este campo, Bolívar libró mil batallas.
Después de la muerte de su esposa, María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, noble dama que le robó el corazón, quien muere el 22 de enero de 1803, en Caracas a los diez meses del matrimonio, Simón quedó viudo y enamorado de su mujer  antes de cumplir los veinte años y cae en la más negra melancolía. "Quise mucho a mi mujer con la que me casé sinceramente enamorado y a su muerte juré no volver a casarme", (Diario de Bucaramanga).
Se embarca para España con el propósito de visitar otros sitios, donde con ella fue tan feliz. En Madrid entrega al padre, prendas y objetos de la amada como recuerdos. Suegro y yerno unen sus lágrimas y le dice "jamás la he olvidado".
Se dirige a París. Pasa el tiempo, y no logra calmarse (se aburre); ha transcurrido más de un año y la herida no cicatriza. Pero el tiempo, poco a poco va surtiendo efecto y entre amores y amoríos se cruza en su camino Fanny Du Villars, de 28 años, casada con el coronel, luego general de Villars, de 54 años. Es mundana y coqueta, es también hermosa y seductora. Él la nombra "Teresa" como su esposa muerta, su 2da Teresa. Desciende por línea materna de un Aristiguieta, por tanto es pariente de Bolívar, a quien llama primo. En Fanny Du Villars dicen algunos historiadores, se concentran tres grandes amores en uno; El de la madre, por su mayoría y conocimientos; el de la esposa por la comunidad de ideales y el de la amante que sanó con su gran amor el corazón roto, después de la muerte de María Teresa del Toro y Alayza.
Para algunos historiadores, Fanny, hija de la revolución francesa, nacida en aquel ambiente de ideales, de libertad, e impulsada, en su afán por llevar la justicia a todos los rincones de la tierra fue "la Descubridora de El Libertador" y Manuelita, la Libertadora de El Libertador. A ésta la conoció en Quito el 16 de junio de 1822 poco después de la Batalla de Pichincha. Bolívar entra a la ciudad vitoreado por los quiteños; desde una ventana le arrojan una corona de flores. Alza la cabeza y ve dos ojos negros que relampaguean, es Manuelita Sáenz. Más tarde se saludan durante la fiesta que dio el Consejo Municipal. Desde ese mismo momento se hacen amigos. Ella fue como una esposa, continuación de aquel amor de María Teresa que se le murió tan pronto.
Manuelita era muy inteligente. Había participado en el movimiento de la Independencia. Poseía la condecoración "Caballereza Del Sol" como premio a su heroísmo. Era también culta y defendía su participación de la mujer en la política. Se enamoró del Bolívar héroe, y del Bolívar hombre de carne y hueso, del Bolívar que necesitaba amor. A veces trabaja como su secretaria, otras, como enfermera, también como edecán. Dos veces la salva la vida en Bogotá.
Le fue fiel a su "Señor" como le llamaba hasta su propia muerte, vivió hasta 1860 y siempre le defendió valientemente que fue casi la única que se atrevió a acusar a Santander, a Páez y a Córdoba de enemigos y traidores. Los últimos días de su vida los pasó en Amotape, pequeño pueblo del Perú. La artritis había destrozado sus músculos y la parálisis le impidió caminar.
Además de estos dos grandes amores Bolívar tuvo muchos más: Anita Crober que le retuvo junto a sí con el pretexto de la lluvia y le salvó la vida en Kingston, la Lenoit que le acompañó en Tunja y en el Magdalena con su encanto francés, Bernardina Ibáñez, Jeannett Hard, Josefina Machado, Benedicta, una joven del altiplano, cuya familia, según testimonio de Sucre, estaba muy desacreditada a causa de su mala conducta y otras cosas más. El Gran Mariscal no le aprueba sus aventuras amorosas  y le dice a Simón Rodríguez: ¿Es que no sabe sobreponerse?. "Es un hombre de amor", le explica Rodríguez, "hay que comprenderlo. Este es un privilegio de dioses. ¿No sabe usted que el olimpo es región de amores, ¿sabe cuántos amores tuvo y cuánto debió a ello su inmensa grandeza, "El amor es creación y está presente en todas las circunstancias, cuando el hombre es un creador, las mujeres son parte esencial de su fuerza?" (Don Simón Rodríguez).













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