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Sábado, 25/10/2014
   
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Los sucesos del 19 Abril de 1810.:.efht


El movimiento revolucionario que estalla triunfante el 19 de Abril de 1810 no fue una jornada improvisada, un golpe de estado para satisfacer los intereses de los grupos dominantes en esa época en Caracas, sino consecuencia de los frutos sembrados en buen surco que, si bien no fueron exitosos, dejaban el fuego vivo en los espíritus que soñaban con romper las cadenas que los ataban al imperio hispano.
 Varias fueron las intenciones revolucionarias que surgieron en Venezuela antes del golpe del 19 de Abril. Los más importantes fueron el del Negro Miguel, quien se hizo coronar Rey; el de Andresote en 1732, el de José Leonardo Chirinos en 1795, el de Gual y España en 1797, la expedición del General Francisco de Miranda en 1806 a Ocumare, quien se arriesgó en esa jornada sin tener la previsión de procurar el apoyo de los nativos, y el de los líderes de Caracas, fracaso que se repitió en Coro en 1808. La Guerra de Independencia de Estados Unidos y la Revolución francesa, tuvieron influencia en los sucesos del 19 de Abril.
 El primer Grito independentista del 19 de Abril proyectó su eco más allá de los límites patrios. Fue una jornada de identidad universal. Así lo expresa de Junta Suprema de Caracas al asumir los poderes soberanos, enviando Misiones Diplomáticas a las Antillas, Estados Unidos e Inglaterra y emprendiendo otras acciones importantes como corresponde a un Estado independiente.
 Venezuela era la Colonia de Colonias; había dependido de Santo Domingo en lo judicial; de Puerto Rico en lo religioso y de Nueva Granada en lo político. Dio no solamente los hombres que demandaba la epopeya, sino al mismo tiempo mentes lúcidas requeridas para la realización exitosa de la emancipación del Nuevo Mundo. Con Miranda, Bolívar y Sucre, hombres de pluma y espada, soldados filósofos, produjo intelectuales esclarecidos como Bello, Gual y Roscio que en Chile, Nueva Granada y México regaban la simiente del saber.
 Los diplomáticos venezolanos concurrieron ante las Cancillerías extranjeras para dar a conocer los legítimos derechos de Hispanomérica de ser independiente y soberana; de invocar los Derechos del Hombre y del Ciudadano y de instaurar el sistema republicano como la mejor forma para gobernar los países libres y democráticos.
 De la revolución del 19 de Abril de 1810 se ocupó la prensa europea con sumo interés, sobre todo la de España. Las noticias iniciales acerca de esta jornada revolucionaria de Caracas las publica J. Blanco en su periódico El Español de fecha 30 de julio de 1810, editado en Londres. También la Gaceta Extraordinaria de la Regencia el 8 de agosto del mismo año; el Observador N° 12 del 14 de septiembre y otros periódicos españoles.
 El 18 de abril los conspiradores se dan cita en la casa de Valentín Ribas, para coordinar los últimos toques al plan trazado para dar al traste con la situación imperante. El 19, los conjurados salieron de la casa del doctor Ángel Álamo, situada en la esquina de Santa Teresa, para asistir a la sesión extraordinaria del Ayuntamiento, convocada en forma irregular por el Vice Presidente Llamozas, ya que, de acuerdo a las normas legales, era el Capitán General Vicente Emparan quien tenía esa prerrogativa.
 Se celebraba la Semana Santa. Emparan se dirige a las Casas Consistoriales, a las ocho de la mañana, para presidir la sesión extraordinaria. En los alrededores de la Plaza Mayor se congregaba la gente del pueblo, para vocear las consignas predeterminadas. El presidente del Ayuntamiento, Emparan, sin imaginarse la suerte que lo esperaba, ocupa su correspondiente sillón. El vicepresidente se excusa de la ilegal convocatoria, pero la justifica por la noticias recibidas acerca de la prisión del Rey Fernando VII, por lo que se infería que la América caería en las garras de Napoleón, argumento  secundado por el resto de los ediles.
 Irguiéndose sobre el murmullo de la Sala, Emparan no pierde la serenidad y les aconseja calma y prudencia ya que, según él, las informaciones transmitidas desde la península eran favorables, y enseguida se dirige a la Catedral, con la impresión que había dominado a la asamblea.
 Los Consistoriales quedan confundidos, imprecisos, pero de pronto el decidido e impulsivo Francisco Salias, quien sería en el tiempo Edecán de Miranda y prisionero del Zambo "Palomo", sanguinario como su jefe Monteverde, se yergue aureolada sus sienes con la dignidad de la patria, y como un cóndor cruza la plaza, y a la puerta de la Catedral intercepta al Capitán General y le conmina regresar al Cabildo. Los demás gritan también: Al Cabildo! Al Cabildo!. Ya Salias tenía asido a Emparan por un brazo, y como una presa dócil lo conduce a continuar la sesión solemne. Este, con la vista, busca amparo en el capitán Luis de Ponte, Capitán de la Compañía de la Reina, encargada de guardar el orden público, quien lejos de obedecerle, desconoce su autoridad y se retira con las tropas.
 Acompañan a Emparan en el regreso al Cabildo, entre otros conjurados, Salias, Roscio y Félix Sosa. Se reanuda la sesión y se debate acaloradamente. El Capitán General trata vanamente de dominar de nuevo a los asambleístas, pero no logra convencerlos esta vez, proponen nombrar una junta presidida por el Capitán General Emparan. Roscio actúa entonces como Secretario y se dedica a redactar el Acta respectiva. Como un relámpago insurge al canónico José Cortés de Madariaga, proclamándose munícipe del Pueblo y el Clero; ordena suspender el Acta, advirtiendo que nombrar al Capitán General Presidente de la Junta, era un peligro y correr el riesgo de las retaliaciones de Emparan. Necesario era deponerlo definitivamente y nombrar nuevas autoridades, lo que respalda vehementemente el presbítero doctor José Francisco Ribas, exclamando cual bíblica sentencia: "El pueblo lo que debe pedir  es la independencia y la separación de los Jefes". José Félix Ribas irrumpe también en la asamblea, reclamando el derecho de la gente de color a estar representada en el Cabildo. En medio de los encendidos discursos, el Capitán General pretende argüir los mismos argumentos, de las buenas noticias que tenía de España. Pero su treta no le daba resultado favorable. Impotente para mando ya, acepta la nueva situación. Ya Madariaga había apelado al pueblo haciéndole señas con el índice implacable señalándole un NO rotundo cuando Emparan  preguntaba a todos los concurrentes si querían que siguiera gobernando. En ese momento hubo desconcierto, pero el Dr. Rafael Villarreal, médico yaracuyano que figuraba en el complot, se encontraba entre la gente del pueblo, y gritó NO, y enseguida fue secundado por la concurrencia que gritaba: No, No lo queremos.
 No le quedaba a Emparan otra salida que decir: "Yo tampoco quiero mando". Abatido y resignado cae postrado en un sillón para entregar luego la vara de la Justicia al nuevo Alcalde, diciéndole: "Entrego al V.S. este bastón, símbolo de autoridad, en nombre del Rey, nuestro Señor".
 Se nombra la junta denominada Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, claramente un eufemismo, ya que el nuevo gobierno surgido de la revolución destituye no sólo al Capitán General, Mariscal de Campo Vicente Emparan, sino a todos los altos funcionarios de la Colonia y los tras-
ladaron a La Guaira y los despacharon hacia el exterior, no sin antes pagarles sus sueldos vencidos y respetarles sus derechos.
 Es interesante recordar la conversación que sostuvo Bolívar con el sabio Alejandro Humboldt en 1804 en París; a su regreso de América. Bolívar le dice: "Señor Barón: Usted que acaba de recorrer al continente americano… no cree que ha llegado el momento de darle una existencia desprendiéndole de los brazos de la metrópoli… "Creo que la fruta está madura-  responde el Barón, pero no veo al hombre capaz de realizar tamaña empresa". Bolívar le responde: "Voy a buscar a ese hombre en mi patria", "¿Y si no lo encuentra usted?" "Lo formaremos…" Los pueblos en los momentos en que sienten la necesidad de ser libres, son poderosos como Dios, porque Dios los inspira". Esta visión de ambos grandes hombres, demuestra que mucho antes del 19 de Abril el fuego iluminaba los espíritus de los americanos oprimidos.
 
















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