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Viernes, 19/09/2014
   
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La expedición de Los Cayos.:npay. ref


Contaba el Libertador con sólo 250 hombres, embarcados en 7 goletas con las que desafiaría el inmenso poder español, apoderado del país con 16.000 hombres bien adiestrados en la guerra. "Parece increíble", dice asombrado el historiador Aníbal Galindo en "La Batalla decisiva de la libertad".


La expedición fue más que todo una empresa audaz, que sólo por el amor a la libertad, a la independencia y por la grandeza de la patria esos espíritus imbatibles se sacrificaron honrosamente. En tierra firme iban a encontrar estos valientes republicanos un territorio en poder de los realistas, muy superiores en recursos de toda naturaleza, como dice Baralt en su Historia de Venezuela. "Medítese con detención la empresa de Bolívar, habrá de confesarse que jamás suma igual de embarazos que había opuesto a ningún proyecto humano;  jamás caudillo popular tuvo menos medios de defensa y de resguardos, y, finalmente,  nunca la constancia fue aprobada en sucesión más larga de victorias y reveses".


Y como lo auguraba el eminente prócer, presidente de la Nueva Granada, el gran Camilo Torres, refiriéndose al mensaje que había presentado el Libertador en Tunja: "General, vuestra patria no ha muerto mientras exista vuestra espada, con ella volveréis a rescatarla del dominio de sus opresores…"Habéis sido un militar desgraciado, pero sois un Grande hombre", y agregó después: "Perdida vuestra Venezuela, el suscrito creyó que ella existía en el general Bolívar, sentimiento que no perderá mientras viva".


Después de vencer a una flota española, por un sitio que los realistas no esperaban, la valiente expedición arribó a Margarita, y el general Arismendi, que comandaba la plaza, se puso inmediatamente a las órdenes de Bolívar.


Sobre este episodio existen varias opiniones. Bolívar confiesa en Bucaramanga a Perú de Lacroix, que no estaba en su hamaca por un cambio intempestivo de posada, pero parece que el amor lo salvó de la muerte aquella noche. El eminente historiador don Rufino Blanco Fombona, quien escribió varios libros acerca del Libertador, dijo: "Bolívar era en aquella época un fanático que no daba tregua a la espada, a la pluma o la lengua en la propaganda e implementación de la independencia, sino para entregarse a esta ocupación de caballeros: la galantería".


De vuelta, el Libertador por la mala noticia recibida de Barbaján, cambió de rumbo hacia Haití, llegando a Puerto Príncipe el 31 de diciembre. En Haití prepara una expedición para invadir a tierra firme, recibiendo importante ayuda del general Alejandro Petión, y la colaboración valiosa del almirante Luis Brión, rico comerciante y armador de Curazao, fervoroso partidario de la libertad. "Fue tanto el influjo que sobre su amigo consiguió el Libertador -dice un contemporáneo- que desde entonces dedicó Brión todos los haberes y el resto de su vida al servicio de la República.

 

Para la expedición que se proyectaba ofreció dar y dio, en efecto, 3.500 fusiles; 132 mil piedras de chispas, sus buques habilitados y otros artículos, todo lo cual valía 100 mil pesos". También dio una ayuda importante el señor Roberto Southerland, rico comerciante de Los Cayos y uno de los hombres que con mayor largueza protegió al Libertador.


El presidente Petión, demócrata que demostrando responsabilidades y peligros, como Camilo Torres en Nueva Granada, abrió su gran corazón, las arcas y los arsenales de la República haitiana al fogoso e iluminado "Capitán de Caracas" Fabio Lozano y Lozano en "Anzoátegui", "Las Montaneras Heroicas".


Varios jefes y oficiales evacuaron a Cartagena, entre otros, Montilla y Bermúdez, en las goletas Constitución y Sultana; llegan a Sabana de la Mar, en Jamaica, siguen a Kinstong y luego a Los Cayos; Montilla, amargado por su vanidad, estaba descontento con Bolívar, soliviantando a algunos empleados y hasta llegó a enviar una carta de desafío a Bolívar (8 de marzo de 1816), y ofendiendo a Brión, en cuya casa vivía.


No obstante tantas contradicciones y dificultades, el plan expedicionario marchaba, y cuando todo, al parecer, habíase superado, Bolívar convocó a todos los principales emigrados para darle a conocer el contexto del plan y para que eligieran el Jefe de la Expedición. Asistieron Mariño, Brión, Piar, el escocés Mac Gregor, Bermúdez, Pedro Briceño Méndez, Gabriel Piñero, Ibarra, Zea, Justo Briceño, Soublette, Luis Aury y Ducourdray, el Dr. Marimón, comisionado del Gobierno de Cartagena, el coronel José María Durán, para adquirir armas y otros pertrechos en Londres.


Tras breve discurso, el Libertador, entusiasta y alentador, sin desestimar los riesgos y peligros de una jornada militar de esa naturaleza, pidió a la Junta que nombrara libremente a la persona que dirigiera la expedición. El primero en hablar fue el almirante Brión, y, después de breves consideraciones, propuso a Bolívar para que la dirigiera. "En Venezuela -dijo- se elegirá un Jefe Supremo, a cuya elección concurrirán los demás patriotas que allí existan; pero aquí nosotros debemos nombrar a Simón Bolívar, jefe de la expedición. Le siguieron con similares argumentos Marimón, Durán y Zea, neogranadinos. Se opusieron Luis Aury y Bermúdez, que opinaron que la dirección de tal empresa debía estar dirigida por tres o cinco miembros. La Junta, en su totalidad, comenzando por Mariño, aprobó la propuesta de Brión. Luis Aury se ausentó, Montilla y Bermúdez quedaron nominalmente fuera por su manifiesta y criticable enemistad con el Libertador.


Fue muy dura la situación que tuvo que enfrentar el Libertador, pues, algunos eran declarados sus enemigos, resistiéndose a estar bajo su autoridad, y hasta pretendían cambiar el plan, como el teniente coronel Mariano Montilla, valioso partidario de la independencia, con suficiente ilustración, poseedor de riqueza, abrazando la lucha libertadora desde el 19 de Abril de 1810, pero adversario declarado de Bolívar.


Bermúdez fue otro de los jefes disidentes, de carácter  impulsivo, quien tuvo, también, sus desavenencias con Bolívar. Lo apoyaban el coronel Ducoudray Holstein, que lo halagaba para que se hiciera jefe de la expansión. Trataban, asimismo, de ilusionar a Zea, Joseph Downie, a quien Bermúdez le dispensaba mucha amistad. Éste, por su inocultable ambición, llegó hasta confirmar al Libertador y ofenderlo. Pero así son los gajes de la guerra, el general Bermúdez, al transcurrir el tiempo, tomó a Caracas antes de la Batalla de Carabobo, cumpliendo órdenes precisas del Libertador, y en alguna oportunidad, Bolívar lo llamó "El libertador del Libertador".


El 20 de marzo de 1816, a las 10 de la mañana, la expedición Salió de Acquim, doce leguas al noreste de Los Cayos de San Luis. El Libertador con su Estado Mayor y el almirante Luis Brión, a bordo de la goleta Bolívar, comandada por el capitán de fragata Renato Beluche. En la Mariño iban Mariño, Mac Gregor y Piar, comandada por Torres Dobouille. El resto de la expedición iba en las embarcaciones: Piar, Brión y Félix, al mando de los tenientes de navío Juan Morué, J. Pinelli, Antonio Rosales, Lominé y Bernardo Ferrero.


Frente al ejército regular, o en alianza con él, aparecieron "la táctica y la estrategia instintivas de la Montonera, que sufre los efectos del cálculo y la disciplina con la rudeza del valor y con la agilidad heroica: el guerrear para que son únicos medios esenciales el vivo relámpago del potro, apenas domado y unimismándose casi con el hombre en un solo organismo de centauro, y la firmeza de la lanza esgrimida con pulso de titán en las formidables cargas que devoran la extensión de la sumisa llanura". José Enrique Podó.
 
















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