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Viernes, 31/10/2014
   
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Estalla la guerra Federal... a ha

El 20 de febrero de 1859 estalló en la ciudad de Coro, el movimiento de la Federación, que después se convirtió en una guerra de funestas consecuencias para Venezuela.
A esta batalla también se le ha llamado «Guerra Larga», «Revolución Federal» y «Guerra de los cinco años».
Después de la guerra de Independencia, es la más larga contienda civil que ha sufrido nuestra patria. Muchos historiadores coinciden en que fue como una «prolongación de la guerra de independencia en cuanto a los problemas de carácter social y político dejados sin resolver, una vez lograda definitivamente la emancipación de España con las victorias de 1821 y 1823 y la separación de la Gran Colombia bolivariana en 1830.
Los abanderados de este movimiento fueron Ezequiel Zamora y Juan Crisóstomo Falcón. Este día, el comandante Tirso Salaverría asalta el cuartel de Coro, se apodera de 900 fusiles y lanza el «Grito de Federación».
Al día siguiente, la proclama inicial de la Federación fue lanzada en Coro. El coronel Tirso Salaverría, quien junto con Toledo, cuñado de Zamora y concuñado de Falcón, había dado el golpe el día anterior, se dirige al pueblo de Venezuela, pero muy en particular a los corianos, en términos de verdadera exaltación:
«La revolución de marzo ha sido inicuamente falseada. Atraídos por los encantos de su programa fascinador, concurrieron a consumarla todos los venezolanos; y su triunfo no ha producido otros gajes que el entronizamiento de una minoría siempre retrógrada, siempre impotente en su caída, siempre ávida de satisfacer innobles venganzas ... »
Después de felicitar al pueblo por la hazaña de la noche anterior, al acompañarlo en la «grave empresa de desarmar la fuerza y apoderarnos de las armas con que un esbirro, remedo de gobernador del general Castro, nos oprimiera ... », y de instigar a arrostrar la lucha de esta campaña que comienza, Salaverría agrega:
«¡Corianos! No temáis. La Federación es el Gobierno de los libres, y Venezuela obtendrá el lauro de la Federación. No hay un solo venezolano, con excepción del reducido club que hasta ahora nos ha dominado, cuyo corazón no lata de entusiasmo al impulso de esa voz mágica y arrobadora ... ».
El 23 de febrero de ese mismo año se conoce en Caracas que había estallado en Coro el movimiento de la Federación. Esto motivó la renuncia de los ministros Lucio Siso, Miguel Herrera y doctor Sanojo, sustituidos respectivamente por Rafael Arvelo, Pedro Casas y Soublette. La agitación en la capital es notoria.
Es por esto que en el Escudo Nacional, al lado de la fecha del 19 de Abril de 1810, aparece la del 20 de febrero de 1859. Al día siguiente de este pronunciamiento de Coro, el coronel Salaverría «lanza una proclama que es una declaración de guerra» que duraría lamentablemente hasta el 24 de abril de 1863 cuando, después de largas negociaciones, se firma el Tratado de Coche.
Causas y consecuencias
La ruptura de la Fusión contribuirá a precipitar la guerra. Y la expulsión de los principales pronombres militares y civiles de las filas liberales sólo sirvió para que coordinaran con José Tadeo Monagas, cuyo prestigio sobre las masas rurales del Oriente era poderoso, los planes de la revolución.
El 15 de octubre de 1858, en Saint Thomas, los diversos grupos revolucionarios constituidos en «Junta Patriótica de Venezuela», con Félix María Alonso de Presidente y Antonio Leocadio Guzmán, Ramón Anzola Tovar, Napoleón Sebastián Arteaga y Carlos Sanabria, que hace de secretario, redactan el primer programa de la Federación. Consta de 26 artículos y en su mayoría es una enumeración de derechos y garantías que van a ser recogidos por la Constitución de Valencia. Lo nuevo es la implantación del sistema federal, la abolición de la pena de muerte por delitos comunes, remoción de los ministros del Despacho por acuerdo de los dos tercios de cada Cámara, libre navegación de los, ríos, lagos y aguas costaneras. En realidad, el programa no distaba mucho de los principios contenidos en la Carta de Valencia. El problema que se debatía era distinto y así lo reconocerá más tarde Falcón, designado jefe del movimiento, en su Proclama de Palmasola:
«La cuestión no es que las leyes que hagáis sean buenas o malas: la cuestión es que el derecho de hacerlas no es vuestro, sino de la mayoría: porque en las Repúblicas corresponde a aquélla el ejercicio de todos los poderes sociales. He aquí la verdadera causa de la presente revolución; la misma de siempre... Venezuela tendrá elecciones libres, que es su gran empeño, como base de la República, y con ellas será lo que quiera ser».
Causas de la Guerra. Motivo de innumerables polémicas ha sido el dilucidar las causas exactas que desataron la tremenda guerra federal. Conservadores y liberales se achacan mutuamente la culpa. Los primeros consideran que fue la propaganda de los liberales con su reparto de tierras y con la abolición de la esclavitud, lo que subvertió el orden político y social y desencadenó la tormenta. Para los segundos, los conservadores son los responsables de ella, con su negativa a liberalizar el gobierno, a ampliar su base dándole cabida a las personalidades de doctrina opuesta a su errada política económica, que produjo la crisis del año cuarenta y seis, y con la formación de una oligarquía política y social que retrotraía al país a los días de la Colonia.
Múltiples y variadas son las causas que la determinaron. Económicas, sociales, políticas, e ideológicas, engendraron esta situación.
Causas económicas y sociales. Es Vallenilla Lanz quien ha incidido más en las causas económicas y sociales que determinaron la guerra federal. El haber continuado igual la estructura social y económica de la Colonia, una vez realizada la independencia; la conservación de la esclavitud; el mantenimiento de los latifundios; el predominio de la clase propietaria en el gobierno, son los factores del descontento social y económico. Este descontento se mantuvo atenuado a raíz de la desmembración de la Gran Colombia, ya que parte de la propaganda para ello basaba en que la situación económica de Venezuela era resultante de su subordinación a Bogotá; y con la efímera bonanza de la oligarquía, gracias a medidas del hacendista Michelena y el mayor precio que los productos agrícolas adquirieron en el mercado internacional. Bonanza que hizo crisis en 1840, determinando la ruptura de la oligarquía y engendrando así el Partido Liberal.
El ascenso al poder de Monagas, no resolvió la crisis, sino que al contrario, la acentuó. Gobierno personalista por excelencia, sólo se ocupó de mantenerse en el poder, y no en resolver los agudos problemas que le habían hecho posible el apoyo del pueblo en su lucha contra la oligarquía conservadora. La concentración de las tierras baldías en pocas manos, y el peculado y la malversación de los fondos públicos que caracterizan el gobierno de la «dinastía», y la persecución política y el predominio de pequeñas banderías políticas en la República, que vivían del pillaje y del robo del ganado, aceleraron el estallido.
 
















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