Hace algunos días, mi computador estaba presentando problemas y, como no sé nada de Informática, se me ocurrió llamar por teléfono al Negro Montaño, quien vive en la isla de Margarita. Esa conversación fue para mí, traumática. Les cuento: Aló, hermano. ¿Cómo estás? Wonderful - Me responde -, ¿a que debo tu call?. Oye, mi computadora tiene problemas, y me riposta: Cuidado y tienes allí una bomba lógica a punto de estallar. Me quedé en la luna. El tipo prosiguió…vete a la barra de desplazamiento y dale un 'clic', a menos que tengas un clónico que un pirata o un hacker te haya vendido, si es así, revisa los bucles del CPU y fíjate cuántos gigabytes tiene el bicho ese.
El Negro Montaño se notaba sobrado y sin darme tiempo a reaccionar me acusó de ser un infoadicto que vivía metido en una burbuja magnética; que revisara el CD-ROM y viera si el cursor estaba titilando, si la PC no respondía, que estableciera un hipervínculo y le diera un 'hit' a la pantalla para restablecer la homepage y evitar que un huevo de pascuas me estuviera echando bromas con un camión de junk mail haciendo bombing de manera intermitente, desvirtuando la realidad virtual de mi máquina; que le sacara la tarjeta y viera si los circuitos allí impresos estaban bien, no fuera cosa que un troyano la hubiese desprogramado, originando un zócalo en mi memoria caché, si ello era así, lo mejor era que estableciéramos una video conferencia y que pelara por un Blackberry o un Ipad para conectarnos por bluetooth.
Aquello era mucho para mi cerebro entrado en shock, buscando un acceso básico para aquel lenguaje incomprensible, pero el bendito Negro continuaba con su clase de Informática, planteándome como alternativa que buscara un acoplador acústico y lo instalara en mi área de trabajo para revisar mejor el árbol del computador. Para ello debía tener una base de conocimiento y si el cable coaxial estaba partido, que lo cambiara por uno de fibra de vidrio. Montaño me pidió que codificara mi máquina, ya que posiblemente estaba asincrónica y debía formatearla para poder establecer un hiperenlace, so pena de quedarse huérfana, para ello debía utilizar el lápiz óptico o llamar al mayordomo para que trabajáramos en línea, porque el ciberespacio estaba congestionado por millones de usuarios en permanente chateo y que además el cable submarino estaba fallando; que mejor buscara el microprocesador para ver si el nodo estaba conectado, de no ser así, teníamos que establecer un puerto paralelo para que el ratón tuviera buena resolución y el roaming no nos arruinara. Que revisara si el teclado estaba instalado, ya que si no, el sistema operativo no se activaría, creando un dominio vanidoso incapaz de poner en movimiento nuestro teleproceso, afectando la base de conocimiento, siendo víctimas fáciles de la globalización.
Ya aquello me resultaba insoportable y opté por ponerle fin a la conversación telefónica más terrible de mi vida, la catajarra de términos utilizados por Montaño me habían sumido en un estado de estrés que imponía una infusión de valeriana con orégano orejón, pero justo cuando iba a colgar el teléfono, el trimardito me gritó…¡dame tu pin y tu twitter, ¡dejando escuchar una estruendosa carcajada de esas que parten la mar en dos!
laplantafr@hotmail.com