Descendiente de dueños de grupos empresariales de la comunicación y el entendimiento, como la Cadena Capriles y el circuito de exhibición cinematográfica Cinex, comenzó su carrera política en Copei, por obra de un maletinazo familiar fue incluido en las planchas del Zulia por Copei al Congreso y resultó electo. Por carambola arribó a la Presidencia de la Cámara de Diputados del viejo Parlamento. Por carambola fue a dar a la Alcaldía de Baruta.
Por carambola, jugando a la violencia, fue a parar a la cárcel y de ella salió convertido en ícono de la ultraderecha.
Ahora, convertido en candidato, ofrece de todo para tratar de engañar al pueblo y se disfraza de ovejita. Apela a recursos que violan disposiciones legales en materia electoral, uno de ellos es el uso de una gorrita con la Bandera de Venezuela y lo hace deliberadamente, como lo hizo también cuando violó la Constitución al participar en el golpe del 11-A, o cuando pateó los derechos del ministro Rodríguez Chacín. Esto lo hace con la finalidad de que lo sancione el CNE, para victimizarse y ver si remonta en las encuestas.
Tiene conocidos vínculos directos con el ultraderechista Partido Popular español y numerosas fundaciones estadounidenses de similares definiciones ideológicas. También recibe fondos públicos de Estados Unidos a través de los organismos estatales conocidos bajo las siglas NED y Usaid.
El candidato Capriles no se destaca por sus cualidades intelectuales. No se caracteriza por ser persona culta. En privado admite que lee poco y que cuando lo hace no son precisamente obras de calidad. Le cuesta comunicarse, hilvanar un discurso de más de siete minutos. Cuando se ve en apuros, recurre a los estribillos, a gritos como ¡te quiero Venezuela!, cuando está ante el micrófono y no le fluyen las ideas.
Últimamente, ante la proximidad de las elecciones presidenciales y una inminente derrota, se ha tornado más violento e insulta a todo el mundo: A los obreros los llamó "jala bolas"; a las mujeres las convocó a un "pantaletazo", y en Margarita les dijo que ellas más que nadie conocían el paquetazo, irrespetando así a las mujeres. No es la primera vez que ellos utilizan esta prenda femenina con fines politiqueros; así lo hicieron cuando el golpe militar, le arrojaban maíz y pantaletas a los militares en las puertas de los cuarteles para ridiculizarlos y tacharlos de cobardes.
A las mujeres hay que respetarlas. No se les debe agredir ni con el pétalo de una rosa. Ellas han escrito páginas gloriosas en la historia de la Humanidad. Nunca he creído en el machismo y menos en la superioridad del hombre, en el sexo débil; al contrario, siempre las he considerado el sexo fuerte. Las mujeres pueden hacer muchas cosas que no hacen los hombres, una de ellas es parir; cuando el hombre para, diré que es igual a la mujer.
En nuestra Guerra de Independencia las mujeres cumplieron un papel preponderante. Mujeres que fueron mucho más allá del rol de esposas y amantes, hermanas o madres de los próceres, demostraron valentía y conciencia social ante las circunstancias de un país en guerra por su independencia. Son las heroínas de nuestra historia patria.
En su recorrido, pardas, mulatas, zambas, participaron como troperas en el campo de batalla. Alimentaban, vestían y auxiliaban a las tropas, a la par que luchaban a mano armada defendiendo la causa en la que creían. En los campos de batalla se descubrían cuerpos de mujeres combatientes vestidas como hombres. Es sobre todo desde hace dos décadas cuando empieza a abordarse el tema de las mujeres en la Guerra de Independencia considerando su presencia y actuación en la sociedad, hasta hace poco invisibles e irrelevantes.
La historia hizo apología de las mártires e invisibilizó tras las reglas del pudor la violencia contra el cuerpo de las mujeres en la guerra.
A pocos días de las elecciones presidenciales del 7 de octubre, la candidatura del presidente Hugo Chávez luce inalcanzable, mientras que la de la MUD, está paralizada y cada día que pasa las fuerzas políticas que la respaldan se desintegran.
Hace 39 años, bajo el mando del general Augusto Pinochet, se consumó el golpe de Estado preparado por la CIA y el Departamento de Estado de Estados Unidos contra el presidente Salvador Allende. De esta manera, la derecha chilena echó a andar un plan que tenía dos objetivos claros: Destruir la organización popular y poner en marcha un modelo económico neoliberal.
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