El mensaje de Radonski es conmensurado, esperanzador, serio y sobre todo respetuoso, por lo que reúne todas las características propias de un estadista, léase bien no estatista que es otra cosa muy diferente; al contrario, Hugo Chávez, es por naturaleza estatista. Su mensaje debe ser analizado desde dos tiempos muy diferentes entre sí, a saber: Antes y después del 99. El mensaje de Chávez antes del 99, era diametralmente opuesto al de la actualidad, hasta el punto que pudiéramos señalar que en nada coinciden y muchos dudarían que se trate de la misma persona si no observamos que quien habla siempre es él mismo y en modo alguno pudiere tratarse de un clon.
Sin embargo, antes que ganara, fuimos testigos audiovisuales que en plena campaña electoral se le salió su verdadera personalidad, cuando a viva voz dijo que freiría la cabeza de los adecos en una paila llena de aceite caliente, lo que lógicamente causó estupor y repulsión, que después trató de atemperar tal gazapo cometido diciendo que fue un malentendido, que lo mal interpretaron, que eso no fue lo que quiso decir, que oímos mal, y quién se acuerda cuántas otras excusas para, en el fondo, disimular su verdadera personalidad. Lo logró, al resultar vencedor, lógicamente; el establisment de la época respetó los resultados y lo proclamó presidente constitucional. No podía ser de otra manera, había ganado en justa lid, por lo que, Venezuela, acostumbrada a los cambios de gobierno, nadie dudó en que accesara al poder. Empero, justo de inmediato, se convirtió en un presidente inconstitucional cuando rompió el protocolo para la juramentación del cargo, requisito que es primordial y muy formal que deben cumplir todos los funcionarios públicos antes de entrar en el ejercicio de sus funciones, pero como somos de una arraigada tradición presidencialista, el asunto no pasó a mayores, sino que se reflejó en críticas y comentarios durante algunos días y hasta chistes jocosos, lo que no tiene nada de raro, porque los venezolanos somos así, a todo le sacamos un chiste, además que había a lo largo y ancho del país, una expectativa nacional y hasta mundial, pudiere decirse, porque con las aparentes ganas de arreglar los males del país, sumado a la forma como venía hablando y, siendo como somos, una potencia petrolera, era evidente que teníamos todos los elementos para lograrlo.
Así fueron pasando los días en los que aquel Chávez, utilizando magistralmente los desatinos de lo que él mismo equivocadamente o no llamó la IV República, empezó a cambiar abruptamente el discurso, para hacer aparecer poco a poco su verdadera personalidad, amenazando a cuantos poseedores de riquezas, fincas, hatos, empresarios, industriales, comerciantes, franquicias, transnacionales y paremos de contar, con un mensaje sumamente violento, divisorio, aprovechador y manipulador, que lógicamente todo oportunista, académico o no, resentido, malviviente, conformista, flojo e inconforme le vino como anillo al dedo, comprándole en todas sus partes el discurso, al punto de llegar a agredir a quien sea sin mediar palabra alguna y hasta con alevosía, premeditación y traición.
Un Chávez que a cuenta de tener poder ajeno, porque no le pertenece, no mide momento, personas ni palabras para proferir cualquier andanada de insultos a propios y extraños, so pretexto que lo hace en protección de los más altos intereses nacionales, llegando inclusive en algunas ocasiones a violar la Lopna en cadena nacional, con palabras o mensajes no aptos para niños y adolescentes, sin que ocurra nada y en presencia de quienes deben precisamente cumplir y hacer cumplir tanto la Constitución como todas las demás leyes de la República. Viene entonces Capriles, con un mensaje y un comportamiento totalmente adecuado y digno de un estadista, y todavía a estas alturas existen personas que dudan de ese mensaje. Hay que tener riñones.
Continuará…