Se está en las primeras dos semanas del inicio de la campaña electoral presidencial 2012, y de acuerdo a lo visto y oído, ya está claramente demarcado el tono de los subsiguientes días del ajetreo electoral. Se tratará por consiguiente de la confrontación del discurso de la continua y desgastada cháchara de mentiras a que nos tiene desagradablemente acostumbrados a oír al candidato hasta ahora presidente, y la imagen fresca, entusiasta y vigorosa de Henrique Capriles Radonski, quien en sus largos y arduos recorridos por toda la geografía nacional, va sembrando emoción creciente en su contacto directo con la gente, lo que ya de por sí da un pronóstico de las razonables esperanzas en su triunfo rotundo el próximo 7 de octubre de 2012.
No obstante lo anterior, y sin caer en engolosamientos, se está colectivamente conscientes que los ochenta días que tenemos por delante deben ser de una lucha tenaz y bien organizada para inclinar la balanza de los votos de los electores indecisos a favor de la candidatura unitaria, porque como nunca antes, existen las condiciones para derrotar al candidato del continuismo.
Venezuela cuenta ahora por primera vez a con un candidato joven, con sobrada experiencia en gestión administrativa y con una férrea voluntad de llegar al poder para ponerlo al servicio de las mayorías desperanzadas de este gobierno, que sólo se ha servido de ellas para su lucro personal bajo una supuesta "revolución socialista" que nadie entiende ni conoce. La campaña es y será dura tratándose de una contienda desigual, en la cual el candidato oficialista dispone y usa groseramente del erario nacional mirando sólo a su propio beneficio con una apabullante propaganda que pone de manifiesto la parcialidad por omisión del ente rector dominado por cuatro damas sordas, mudas y ciegas a la hora de hacer cumplir sus propios reglamentos.
Frente a él está Henrique Capriles Radonski, "el flaco" haciendo una sostenida campaña en el escenario físico, material del territorio nacional, en contacto cara a cara impregnando en los corazones de los venezolanos el recuerdo vivo y presente de un candidato que los contacta personalmente a diferencia del "otro" ausente por la imposibilidad de salir a la calle a confundirse con las que fueron sus otroras multitudes delirantes. Vale recordar al respecto, y en función de refrescar la memoria, que buena parte del capital político que Chávez acumuló en el pasado, fue por sus recorridos a pie, y que hoy es Henrique Capriles y no el presidente, quien está físicamente alejado del pueblo, el que está cada día en diferentes lugares de la geografía nacional, abrazando a sus compatriotas, jugando caimaneras, desayunando en tarantines, recibiendo una imagen religiosa de regalo, poniéndose un poncho, piropeando muchachas, en fin, haciendo lo que todos los políticos en una campaña electoral: Salir al encuentro de un país esperanzado en un cambio radical en la conducción de la nave del estado. Es Capriles, por tanto, el país real que todos ansiamos y queremos para nosotros y nuestros hijos, y no el otro, Chávez, que no es más que una borrosa imagen de lo que pudo haber sido, no fue, ni es.
¡Adelante Capriles Radonski que no hay camino, sino que el camino se hace al andar¡.
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