Culpables por omisión (parte III). “El que observa una irregularidad y no la denuncia, se hace cómplice” San Antonio de Padua. Si los dirigentes gremiales, persisten en su tozudez reiterativa, de hacer mutis y callar, ante los atropellos y vejámenes que sufren los agricultores, estarían apadrinando directamente errores que serán condenados por la historia.
Veo la agricultura con la óptica del desaliento, no porque sienta el peso de la derrota, ni ser prisionero del pesimismo, sino sencillamente porque siento que se ha venido traicionando vilmente los postulados de reivindicación que reclama el agro y los productores, máxime cuando se trata de dirigentes en los que hemos confiado y que hoy día tienen poder de decisión en el manejo de las riendas crediticias, dado al libre acceso y al vínculo que los une a los funcionarios del sector oficial.
Dirigentes que al parecer por el temor de que sus intereses le sean vulnerados, ponen en tela de juicio su dignidad y las obligaciones que le corresponden como dirigentes que son, convirtiéndose de paso en cómplices por omisión, ya que con una actitud inocultablemente ciega, voltean y dirigen las miradas hacia otros horizontes, para no ver la realidad extremadamente decadente del agro regional, que lenta, pero progresivamente ha venido incubando la existencia de una frustración, por el profundo deterioro que atosiga a los agricultores.
De no ponerse los correctivos, como insistentemente lo hemos venido solicitando, irremediablemente nos guiara al borde de un crónico fracaso precisamente, por las consecuencias emanadas de las erradas políticas, y el tratamiento injusto aplicado a los productores tradicionales, y a los agrotécnicos, ya que lejos de tratar de implementar y poner en práctica salidas necesarias para establecer medidas audaces que conduzcan a la tranquilidad y seguridad al libre derecho que le corresponde para poner a producir al tierra. Quedando demostrado una vez más, que la incoherencia y la división sólo aportan a los trabajadores del campo dividendos negativos, como resultados de las equivocadas líneas de planificación en la economía agrícola, basadas como es costumbres en medidas de paños calientes, populistas, excluyentes, clientelares y de improvisación.
Elementos que gravitan con daños extremos los cimientos de las actividades del agro, amenazando como monstruo de mil cabezas el futuro del aparato productivo de la economía agrícola. Lo que se evidencia y patentiza por la clara y descarada discriminación que se ha venido tejiendo en contra de los agricultores tradicionales y los agrotécnicos, que no sólo han contribuido desestabilizarlos de sus actividades legítimas, sino que ha trazado la senda para destruir en gran parte las actividades del sector rural, en virtud que se ha restringido cuantitativamente la inversión requerida en el ámbito de los medianos empresarios, a fin de estimularlos en el avance indetenible y con pasos firmes para ampliar las fronteras de siembras.
Obviamente con el firme propósito de potenciar, la producción y abrir las fronteras de la generación de empleos en la comunidades rurales, desaparecidos por haber cometidos errores incalificables, sin tomar en consideración los riesgos, que ello significaría y que para corregirlos es indispensable que los actores de la sociedad agrícola, hagan acto de presencia en el tapete público, para presionar a sus dirigentes y exigir un paradigma contentivo de creatividad, modernismo y participación, que brinden la absoluta certeza de inclusión en el proceso agrícola, a los agricultores injustamente rechazados, de forma tal que se borre el perverso estigma, para que no continúen siendo víctimas de la trampa que los ha condenado al ostracismo que genera el populismo, la burocracia, que en conjunto tienden a despejar el túnel para que se esfumen los recursos.
Entendemos, aceptamos y respetamos el derecho que tienen los dirigentes gremiales que están atados por vínculos ideológicos al partido de gobierno. Pero consecuente responsabilidad no los debe liberar del compromiso que tienen con sus agremiados, ya que sobre ellos pesa la obligación de asumir su defensa y sobre todo reconocer con valentía los desafueros que se están cometiendo en contra de un numeroso grupo de agricultores, que a diario viven azotados por la alta temperatura que le produce el descontento que genera un cúmulo de inconformidad. Calificados motivos para que los dirigentes respondiendo al cúmulo de quejas, están en el sagrado deber de reclamar a los integrantes del tren ejecutivo del MAT regional, no violar las promesas y su efecto cumplir con respeto y cabalidad, los acuerdos y normas crediticios preestablecidos en la Gran Misión Agro-Venezuela, que según el presidente Chávez nació con aportes económicos valiosos, estratégicos y alternativos, que sirvan de válvula de escape a los agricultores excluidos para que se reencuentren con su oficio.
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