Nada sólido, sostenible y deseable es el desenvolvimiento de la economía venezolana en la actual coyuntura. Las cifras de crecimiento del PIB en el primer semestre no deben llamarnos a engaño. Son simplemente el resultado del crecimiento de un gasto público no sostenible, alimentado con un grosero endeudamiento público interno y externo. En el primer semestre de 2012 el gasto público aumentó un 33,8 por ciento en términos reales, pero la brecha entre ingresos y gastos será de 16,5 por ciento del PIB, es decir cinco puntos más que hace un año. Para cubrir esa diferencia, el Gobierno simplemente se endeuda. Se estima que al cierre del 2012 la deuda representará el 51,6 por ciento del PIB. Esto es más del doble de lo que era hace solo cuatro años y es cada vez más preocupante para una economía que solo exporta petróleo.
La economía venezolana está entonces entre la espada y la pared: la deuda ya no puede continuar creciendo, mientras que el precio del petróleo no va a subir significativamente, tanto por la recesión europea como por la desaceleración de China. Pero mientras esto ocurre, el Gobierno irresponsable y populista que tenemos, antes que estimular a los sectores en picada como el agrícola, el manufacturero, la construcción privada o el siderúrgico, para responder a la demanda estimulada por el gasto excesivo, recurre a las importaciones. Así, en el primer trimestre de 2012, el volumen de estas creció 38,6 por ciento y el valor en dólares de ellas aumentó casi 50 por ciento.
Es triste que la economía se mantenga gracias al endeudamiento y a las importaciones, mientras se destruye el aparato productivo y cada vez son menos las posibilidades de generar empleo. Hugo Chávez está conduciendo la economía hacia una nueva devaluación, acompañada de una desaceleración del gasto público. Solo nos promete continuar construyendo el socialismo del siglo XXI, que no es más, que mayor pobreza, menos empleos y más dependencia del petróleo, la deuda pública y las importaciones. Ya es hora entonces de buscar un camino de progreso ante tamaño fracaso.