En sus dos últimos libros el Dr. Orlando Albornoz aborda esta realidad y al efecto expresa: “El papel de la producción de conocimientos, el papel de las ciencias en una sociedad, depende directamente de la capacidad de absorción del aparato productivo y de las innovaciones producidas”. Un buen ejemplo en mi campo profesional es la investigación histórica-historiográfica y su influencia que, de alguna manera, llega a determinar o a condicionar la conciencia colectiva en función de los intereses dominantes y la subjetividad del investigador.
La investigación o el proceso de creación y producción del conocimiento tiene que ser contextualizada adecuadamente para entender “el clima” que facilite o dificulte dichos procesos; en nuestro caso las instituciones y políticas al respecto tienden a burocratizarse y a desviarse de sus propósitos originales y la parte administrativa de los mismos se vuelve lenta, pesada y llena de obstáculos para el investigador. Talento y creatividad son necesarios en el investigador, igual que vocación y condiciones adecuadas, y entre nosotros y en nuestras universidades no terminamos de entenderlo. En este sentido creo útil esta definición de vocación-profesión que hace Jacques Derrida: “Profesar un conocimiento con maestría”.
El investigador nace y se hace, y por ello toda política de promoción de la investigación y la innovación debe partir siempre del investigador, promoviendo los estímulos y facilidades correspondientes.
El clima de libertad, autonomía y cambio es fundamental para propiciar la vocación permanente y el cumplimiento de los fines teleológicos de la Universidad que no son otros que la propia libertad, la búsqueda de la verdad y la dignificación permanente de los seres humanos. Esta Universidad esencial, si así puede decirse, en el 2088 cumplió su primer milenio. En el tiempo largo de 10 siglos, la Universidad, de origen europeo, se globaliza, se masifica y se hace una y diversa. De la Universidad a la multiversidad en la cual, durante cada época, se plantean sus propios retos y desafíos, de orden histórico y sociocultural, así como académicos, administrativos y tecno científicos.
El llamado modelo profesionalizante así como el científico —que gira en torno a la investigación— no desaparece, pero ya no es suficiente para definir el modelo universitario, cuyo reto principal es el inevitable y necesario crecimiento cuantitativo de la matrícula estudiantil y del número de profesores.
Rector de la Unica