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Miércoles, 19/06/2013
   
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Un amor de padre convertido en deseo sexual


Martín se fue convirtiendo en un padre sobreprotector y celaba a su hija de cualquier muchacho de su edad que se acercara

Hace 15 años sus ojos vieron por primera vez la luz del día, su llanto se escuchaba en toda la emergencia del Hospital Universitario "Dr. Manuel Núñez Tovar", mientras que sus dos orgullosos padres acariciaban sus mejillas y bendecían su nacimiento y la llegada de un nuevo integrante a la familia Yánez.
La pequeña fue creciendo y su futuro prometía cosas exitosas, mientras que sus padres se esmeraban en brindarle lo mejor y así motivarla a cumplir todas sus metas.
Martín Orlando Yánez, de 43 años, como cualquier padre, siempre abrazaba y besaba a su hija, pero, según sus familiares, sus ojos siempre mostraban un amor paternal.
La niña ya se había convertido en una adolescente y su cuerpo se iba transformado y moldeando en una hermosa figura.
Deseo incontrolable
Algunos dicen que Martín se fue convirtiendo en un padre sobreprotector y por celos evitaba que su hija tuviera contacto con cualquier muchacho de su edad.
Esto parecía no molestarle a su madre, pues veía que sólo se trataba de un hombre que quería lo mejor para su hija.
Nadie sabía lo que estaba pasando, Martín se había vuelto muy estricto y obsesivo con su la muchacha, pero aún así nadie hacía nada por evitarlo.
Un día, la joven estaba dormida, y pensando que se trataba sólo de una pesadilla, sentía que una mano recorría su cuerpo.
Sus ojos, medio abiertos, pudieron observar cuando alguien huía de su habitación, era la figura de un hombre muy parecida a la de su padre.
La muchacha no podía creer las imágenes que pasaban por su mente, hasta que una noche, mientras dormía, una mano le cubrió bruscamente la boca, era su padre, quien con una voz susurrante, pero amenazante, le dijo que tenía que dejarse tocar por él, porque sino la mataría a ella y a su madre.
La adolescente decidió cumplir la petición de su papá y consciente que se trataba de una aberración, decidió no contar nada por temor a que cumpliera su promesa de
asesinarlas.
La situación fue tornándose insoportable, ya no sólo la tocaba, ahora los deseos de su padre se hacían más fuertes.
Su cuerpo adolorido
Una noche, la jovencita dejó de ser una señorita, sus lágrimas recorrían su rostro y mientras aquel hombre, que sólo debía protegerla, saciaba sus instintos más bajos, su mirada fija hacia la puerta, esperaba que su mamá algún día la rescatara de los brazos de su papá.
Por dos años la muchacha calló aquel delito, ya no era temor, ahora la vergüenza de ser señalada por todos, le impedía confesar lo que le estaba pasando.
Ese martes, 15 de mayo, la desesperación la invadió y pensando en que era preferible su muerte antes que seguir siendo abusada por su propio padre, la muchacha decidió denunciar.
Martín fue detenido por los funcionarios y trasladado hasta la Comandancia de la Policía.
Aún hay muchas piezas que no encajan, fuentes policiales dicen que Martín decidió terminar con su vida y ahorcarse con una sabana en uno de los barrotes de los calabozos por temor a la ley de la cárcel de La Pica, en donde la justicia es tomada por los presos en contra de los violadores.
Mientras, otros dicen que se trató de un homicidio perpetrado por sus compañeros de celda.
 









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