La amistosa raza labrador retriever es originaria de las Islas de Terranova, Canadá. El labrador fue también llamado perro menor de Terranova, donde era entrenado para saltar al agua y recoger las redes llenas de peces de barcos que se acercaban.
En 1825 el labrador fue llevado a Inglaterra por naves inglesas que venían de la península canadiense del labrador, de donde viene su “primer nombre”.
Los labradores son perros cortos, bastantes sólidos y de buena musculatura. La altura o alzada a la cruz es de 55 - 58 centímetros en el macho y 54 - 56 cms en la hembra. La raza labrador es de cabeza robusta y algo afilada, de trufa ancha, dentadura con mordida en tijeras y stop bien pronunciado.
Sus ojos son café o avellana, sus orejas colgantes bien plegadas a la cabeza y con inserción trasera marcada. Su cuello es potente y su cola es de un largo medio y bastante dura, recubierta totalmente por un pelo corto y denso (cola de nutria) que utiliza como una especie de “timón” al nadar.
Posee dos capas de pelo, la externa densa y pura sin ningún tipo de ondulaciones, y un subpelo resistente al agua. El color del pelo es siempre uniforme existiendo 3 variantes: Negro, chocolate y dorado, amarillo o rubio (desde el crema hasta el dorado intenso).
Los labradores retriever tienen un notable gusto por el agua y posee un olfato extraordinario, que lo ha llevado a ser utilizado para la búsqueda de droga. Es un perro inteligente, dócil y con fuertes deseos de complacer a su amo. Es de naturaleza cariñosa, sin signos de agresividad o excesiva timidez, siendo un gran compañero para niños. No es bueno como perro de guarda y defensa, pero siempre estará alerta, ladrando y avisando de manera muy vivaz ante desconocidos en el hogar.