Ser madre luego de los 35 implica algunos riesgos.


La situación laboral y eco­nómica es un factor de­terminante para que las mujeres decidan tener su primer hijo, con el paso de los años, el sexo femenino ha man­tenido un nivel de competitividad tal con los hombres, que ellas hasta no sentirse realizadas y estables no conciben sus hijos, aún a expensas que el reloj biológico continúa su marcha inclemente.
 
Existen varias versiones sobre la edad ideal para que las mujeres lo­gren alcanzar este preciado don de la maternidad, entre los 25 y los 29 años, cuando se supone que hay una cierta estabilidad, pero si nos fijamos en lo que dice la biología ve­remos que el período más fértil de una mujer suele situarse entre los 16 y los 28 años, que tiene que ver con la madurez sexual, la mayor fecun­didad y se ha finalizado la pubertad. Para el gineco obstetra, Luis Alejan­dro Ajmad, el lapso recomendado para concebir el primer hijo es entre los 25 a los 30 años, pues es cuando la mujer tie­ne menos posibilidades de sufrir complica­ciones en el embarazo, tales como: Tras­tornos hipertensivos, diabetes gestacional, incidencia de partos pretérminos, ruptura prematura de la membrana, síndrome anémico, entre otros factores de alto nes­go maternofetal.
 
Después de los 35 años comienza el de­clive hormonal en las mujeres, si bien las complicaciones podrían aumentar entre 3 ó 4%, dependiendo sus antecedentes clínicos, desarrollo gestacional y los resul­tados de las pruebas especiales, se puede lograr, que con cuidados esenciales y un buen tratamiento, su bebé nazca sin nin­gún tipo de problemas.
 
Alerta máxima A mayor edad aumentan los riesgos, expli­ca el especialista, pero los avances de la medicina han demostrado que tener un hijo a una edad avanzada no necesariamente debe conllevar a desenlaces fata­les, para ninguno de los dos involucrados. Es por ello, que el 80% de los casos en pa­cientes multíparas son exitosos y en primigesta o nulípara sólo un 20% puede darse satisfactoriamente.
 
Las mujeres que alcanzan los 35 años y no han logrado realizarse como madres, al sospechar de un embarazo deberán acudir a un especialista, que por lo general realizará diversas pruebas y estudios para orientar el proceso de gestación.
 
Monitoreo clínico Advierte el gineco obstetra, Luis Ajmad que entre las once y catorce semanas de embarazo, con una orografía especial se puede verificar la traslucencia nucal, que indica si hay riesgo de síndrome de down, además de evidenciar la presencia o no del tabique nasal del feto, ante la sospecha de alguna alteración genética. Otro de los estudios, es el eco morfoló­gico, un tanto más específico para ver el crecimiento a nivel cerebral o cardiaco del
bebé, toda su forma se puede aprecie detalle entre el segundo y tercer trimestre del embarazo, así como también hay ciertos flujos sanguíneos que son indicativos clínicos.
 
El triple screenig es una prueba de sangre para valorar tres hormonas específicas, la alfafetoproteína, el estriol no conjuga la gonadotropina cariónica, la cual es considerada por el Dr. Ajmad como inespecítica, y a medida que la madre presenta mayor edad, se torna más dudosa.

Amniocentesis es la prueba más efectiva a juicio del especialista, pues presenta un margen de error de 0,5% y se debe practicar entre las catorce y dieciocho semanas de gestación,  pues se trata de extraer dos muestras de líquido amniótico con una aguja larga para observar en laboratorio las células fetales para diagnosticar o, con mucha mayor frecuencia, descartar la presencia de ciertos defectos cromosómicos y genéticos. 






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